domingo, 4 de diciembre de 2011

Usted tiene ojos de mujer fatal


    Pone el maestro y amigo crass tanta cantidad y calidad de buenos temas sobre la mesa que cuando quiere uno responder se le han acumulado cuatro. Aprovecharé entonces para unir un par de cabos que habían quedado sueltos.
    En primer lugar tenemos esa maravillosa entrada sobre la rumba marginal, esa rumba que se ha dado en llamar de ‘gasolinera’. Aquí en casa d. somos grandes adictos a la gasolina también, y nos parece que podemos aprovechar este subgénero, esta rumba de serie B, o rumba de extrarradio, para volver sobre otro hilo que nos había quedado colgando, porque lógicamente es una cuestión grande como la vida misma: nos referimos, claro, a la mujer.
    Porque si un problema tiene el rumbero perseguido, denostado y marginado, ese es sin duda la mujer. Cabría decir incluso que si un problema tiene el hombre, en general y sin más, ese es la mujer. “La mujer es el futuro del hombre”, decía la poetisa con gran razón, y el hombre ante esto, claro, se rebela y se duele.
    Tal vez pecamos en anteriores entradas de dar una visión demasiado rosa del problema de la mujer, afirmando sin tapujos lo que decimos con el corazón: ¡vivan las mujeres! Lo cual es inapelable en general, pero no se puede negar que no todo es tan armónico en el mundo. Sin necesidad de llegar a los extremos de un Sexteto Habanero, que cantaban con gran dulzura aquello de


En este mundo infinito
Te juro por San Antonio
La mujer es el demonio
Y el hombre es un angelito


O del Trío Matamoros, que en aquel himno inmortal llamado “Puro amor” avisan de que


No vayas a la eternidad
Con mujeres mucho menos
Que toditas son veneno
Caramba menos las de mi papá


    Sin llegar a estos extremos, decimos, sí es de ley reconocer que algunas mujeres, bien porque las han dibujado así, bien por las circunstancias o la sociedad, son inapelablemente malas, “malas de corazón”. Y la traición viene por la vieja desigualdad entre fondo y forma, porque como nos recordaba Emilio el Moro, "no hay mujeres feas" (por cierto, maestro crass, le replico con la versión del Niño de Utrera) por fuera, pero sí por dentro. Pregúntenle si no al pobre Chele, que se encuentra con una mujer mala como el mismísimo pecado, que no comprende que “el amor no tiene precio”, y así se lamenta en este tirito de 1971:

Chele: "Mala"





    Pues esta problemática, en la “rumba gasofera”, como ya estarán imaginando ustedes, es un no parar. Casi casi, junto con la droga y la cárcel, y muy a menudo de la misma mano, el problema central del hombre. Como muestra tenemos el botón de Los Chichos, que dedican infinidad de canciones a la maldad e inconstancia de la mujer que no lo espera a uno a que cumpla su condena y se lía entretanto con cualquiera, con preferencia, claro, por un amigo del alma. Porque pudiendo hacer daño, a qué ahorrar en gastos. Vean por ejemplo este “Mujer Cruel”, de 1981:


    Aquí, por cierto, lo tienen en una impagable actuación, pero lastimosamente mal sincronizada:


    Este mismo tema lo repiten nuestros inmortales rumberos en su superéxito “No sé por qué” (“a esa caní / yo la maré / porque no supo serme fiel / con ese jambo que vive enfrente / que tiene coche y tiene dinero / la gitanita lo camelaba / porque le daba el bolsillo lleno”), en “Quiero ser libre”, y así sumen y sigan. Porque hay mujeres muy inconstantes y de “corazón tan malo” que “no encontrará quien lo quiera”, según cantan en la tremenda “Te vas, me dejas”:


    Y cuando uno se encuentra con un hombre o una mujer así, lo más sabio es aquello que decían Los Amaya: “yo no lloro más / y si se quiere ir / que se vaya”.
    Y precisamente los hermanos Delfín y José, que ya era hora de que aparecieran por aquí, nos dan grandes lecciones de cómo despedir a una mujer mala. Caben dos opciones básicas: la elegancia y la amenaza. Como ejemplo del primer caso, tenemos el superéxito “Vete”:
 

    Y como ejemplo del segundo tenemos una canción más desconocida y que nos obsesiona en esta casa:

“Ya la pagarás”:



    Estas dos canciones ejemplifican perfectamente las dos etapas de los hermanos Amaya, de quien es innecesario hacerles una biografía, teniendo ya, por ejemplo, esta estupenda semblanza. Esas dos etapas, las que tiene casi todo artista de éxito, son: 1) los inicios y primeros éxitos, y 2) la etapa del "boom" comercial y los grandes éxitos de ventas. Y perdonen si suena esnob, pero como en muchos otros casos (pensemos en un Peret), lo que de verdad es oro puro es lo anterior al pelotazo. En el caso de los hermanos Amaya es muy fácil distinguir, porque la etapa primera es de EMI, y la del “boom” (con éxitos como “Vete” o “La inyección”), de RCA. Dijo Don Diego Manrique algo como que las primeras grabaciones de Los Amaya, o sea, las de EMI, son comparables al material de Elvis para Sun Records, y nos parece que el maestro no exagera pero ni un ápice. Todo lo que grabaron para EMI es básico para la vida humana y es de lo mejor que podrán oír en sus vidas. Por ejemplo ese superéxito, “Qué mala suerte la mía”, precisamente sobre esa pérfida mujer que se va con otro, o más bien con otros:

Ella se había enamorado
De un chófer y un locutor
De un cantante trovador
De un artista y un soldado...
Cuando se fue de mi lado
Iba con un policía...

Por cierto, como muchas otras maravillas de esa primera etapa (“Caramelos”, “Bacalao salao”) , “Ya la pagarás” es una canción caribeña, boricua más concretamente, compuesta por el señor Baltazar Carrero. Les dejamos, si nos permiten y aunque nos salgamos del hilo, ese original de don Baltazar para despedirnos:

Baltazar Carrero: “Ya la pagarás”



Mujeres malas: haberlas, haylas. Pero afortunadamente no todas lo son. Por eso el mejor consejo es el que daba el Trío Matamoros:

Si te vas de matrimonio
Ve con ticket de ida y vuelta
Por si detrás de la puerta
Te encuentras con el demonio.

FE DE ERRORES: Hemos resuelto ya un error en el que caímos en esta misma entrada y que se repite en numerosas hagiografías: el de considerar "Qué mala suerte la mía" como un tema compuesto por los hermanos Delfín y José. No lo es, es otro tema boricua, compuesto por el jibarito Toñín Romero, como bien dicen los créditos del LP, y que aquí pueden oír en la voz de Odilio González.

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