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martes, 6 de diciembre de 2011

Los Amaya y su combo gitano



 De nuevo por aquí, con sumo gusto y placer, pidiendo, suplicando excusas por haberles abandonado temporalmente. Obligaciones ineludibles que no vienen al caso me han tenido un poco alejado. No obstante, sepan que les he seguido diariamente, con fidelidad y alegría. Efectivamente d., lo del amigo E. no tiene nombre. Bueno, si que lo tiene; ¿Que le parece el calificativo de TITÁN?.

 Yo sigo con las sagradas escrituras. Y con sus evangelistas, que en esta Biblia son sólo dos; José y Delfín Amaya. Vayamos pues...

He aquí el verdadero nuevo testamento. La carta fundacional de la nueva rumba catalana, la que siguió la senda iniciada por los grandes;  Pere Pubill Calaf "Peret", Antonio Gónzalez Batista "El Pescailla", Josep María Valentí "Chacho". Aquella que bebió tanto de la tradición flamenca como de la influencia afro caribeña pero que también fue permeable y receptiva con la música de su tiempo, huyendo de integrismos, mestiza y gitana.  

En parte debido a esa mezcla de influencias, se la tuvo por un palo chico, orillada por los puristas, que prácticamente renegarían de ella. Pero no se le puede poner puertas al campo. Esos jóvenes cachorros carecían afortunadamente del espíritu endogámico de sus mayores, mostraban un apetito voraz por todo aquello que les otorgase visibilidad sin renegar de su pasado y estaban orgulloso de que a partir de ahí se les ubicase en su época.


Les daba igual que esa música fuese la banda sonora de algún exitoso spaghetti-western, la revisión de clásicos caribeños o el hit del momento, mientras la pieza encajase en su particular universo poblado de guitarras ventilador y palmas supersónicas que por derecho -y a veces por necesidad- serían lo habitual, lo convenido, para un género que a lo sumo iba acompañado de algún piano destartalado.  Ellos tiraron por la calle del medio, sin complejo alguno. Decidieron incluir bongos, percusiones, sección rítmica e incluso órganos hammond con el mismo e impecable sentido del ritmo, ajustado el tempo, desbordantes de vitalidad. Más adelante también se atreverían con las guitarras eléctricas ("Bailen mi rumbita"). Desparpajo soul y un talento mucho mayor del entonces -y también hoy- convenido, sino por los fieles, si por los advenedizos. Una avidez y curiosidad que mostrarían de manera orgullosa, casi impúdica a lo largo de su carrera.


El bueno, el feo y el malo.


La muerte tenía un precio.




 Llegados muy jóvenes a Barcelona, José y Delfín Amaya (sobrinos de la bailaora Carmen Amaya y protegidos de su guitarrista Andrés Batista) comenzaron fogueándose a finales de los sesenta en cualquier tablao o fiesta en la que fuesen recibidos. Tras esos años, asentadas las tablas necesarias, en 1971 publican uno de los discos de debut más soberbios que se recuerden por aquí y -por qué no decirlo- también de por allá; "Los Amaya y su combo gitano". (Emidisc J 048-50.472, 1971).


Caramelos



Doce canciones perfectas. Ninguna propia todavía, eso será más adelante. Pero tampoco versiones. Quiero decir con ello que sí, que son revisiones de otras, pero desde el mismo momento que caen en sus manos se tornan propias, suyas, de nadie más. De los puertorriqueños Hector Rivera ("Bailadores") o Tito Rodriguez ("Bacalao salao"), al cubano Roberto Puente ("Caramelos") pasando por Ennio Morricone ("El bueno, el feo y el malo", "La muerte tenía un precio"). Una  verdadera obra maestra, incólume en el tiempo, agrandándose a cada día que pasa. 

Zapatero remendón

Bacalao salao



Bailadores



Vive la vida

Pedazo de canción, de imagen y de todo amigos. Como dice el caballero que lo subió al youtube; "Tiembla, Sean Bonniwell"


Y como breve adelanto de su segundo disco, del que me apetece hablarles próximamente, les dejo esta joya de no-se-cuantos quilates. Nuyorican del Raval, Latin soul de Gràcia, Rumba y Bongolia, todo juntito y bien revuelto. Absolutely incredibol!


El Guateque

martes, 8 de noviembre de 2011

CHIPÉN "Desnúdate mujer"





"CHIPÉN: Verdad Rumbera

Chipén, palabra caló que quiere decir "verdad", es el nombre del dúo rumbero formado por Peret Reyes y Johnny Tarradellas en 1985.
  Estos dos ex-palmeros del Rey Peret son, en la actualidad, uno de los máximos exponentes de la cada día más afirmada NUEVA RUMBA barcelonesa, género bailable producto de la fusión de los tangos flamencos y la música tropical.
 Con su estilo directo y efectivo, Chipén contribuye a devolver la rumba alegre -la verdadera- su papel protagonista dentro del contexto de la música pop de raíz latina, aprovechando para ello la experiencia que poseen de su paso por combinados tan sabrosos como Los Amaya, Tobago, Chacho y el ya mencionado Peret y sus gitanos. (Peret Reyes es ahijado del propio Peret)
 En su primer disco para PDI estos dos artistas del Barri del Portal de Sant Andreu han volcado lo más auténtico de su quehacer, rodeándose para ello de músicos de la talla de Victor Ammann y Diego Cortés -verdaderos portentos de sensibilidad y técnica que aman y respetan la rumba-, así como del inseparable Petitet, 1,80 cms. de bongosero parlanchín, fiel amigo y músico lleno de recursos.
 LA RUMBA QUE TUMBA ha vuelto y Chipén es uno de sus embajadores."

GATO PÉREZ Texto en la contraportada del disco.



 Siendo sin duda sentidas y sinceras las palabras de Javier Patricio Álvarez -a.k.a. Gato Pérez- permítaseme discrepar un tanto. Desde luego que a estas alturas los que por aquí transitamos sabemos de sobra lo socorrido del soliloquio que sigue. Ustedes me disculparán. Del mismo modo también soy consciente de lo peregrinas que suelen ser mis opiniones. No obstante, uno persevera y persevera. Si "Desnúdate mujer" es rumba alegre yo debo ser un sieso de cuidao: Traición, fracaso, pasión, dominación, inquina, reconciliación, venganza, amor...
  
  Son éstos tiempos extraños. Se pretende regular todo aquello inmensurable -del mismo modo que se pesan un puñado de garbanzos o se mide la altura de una pared- con el fin, inexplicable para mi, de otorgar correción a algo salvaje por naturaleza, complicado por derecho, inabarcable por definición; los sentimientos. ¿O son también cautivos vaivenes?. Creo que me estoy haciendo un lío amigos. Sigo. La(s) pregunta(s) es(son): ¿Por qué uno siente cuando otro es inmune?. ¿Por qué se llora mientras todos ríen?. ¿Acaso somos peores?, ¿Mejores?, ¿Distintos?... De acuerdo, por supuesto que lo somos. Quiero creer, abusando de su confianza, que ustedes entienden lo que tan malamente pretendo explicar. 


 Se enmascara con denuedo la realidad hasta encajarla dentro de lo que procede, pensando -de manera infantil, ilusa o inconsciente- que ocultar algo significa que no existe, que señalarlo implicará su domesticación. En el colmo de la ceguera, que ignorarlo es sinónimo de desintegración. Por suerte no es así. Es como si se aspirase a que la vida fuese -como aquellas antiguas cortinas de macarrones que confeccionábamos de niños con nuestros mayores, ¿Recuerdan?- una progresión aritmética, aburrida y previsible. Como si hubiésemos olvidado lo hermosa que resultaba la combinación maravillosa de tonos llamativos en lugar de la repetición aburrida del preceptivo color ala de mosca.


 Todos hemos visto a las mejores personas hacer cosas abominables. También habremos sido testigos, ante fulanos despreciables, de momentos de ternura y compasión como jamás hubiésemos sospechado. Es cierto; hay que observar primero para después intentar comprender. Y tanto unos como otros habrán seguido siendo, con el devenir del tiempo y sus heridas, nada más que lo que querían, podían ser. Pero también, si somos mínimamente honestos, son, han sido, tal vez sean, bastante,  mucho más de lo que creíamos que eran. Del papel que les habíamos otorgado de antemano. ¿Incómodo?. Tal vez. ¿Inquietante?. Probablemente. ¿Sorprendente?. Sin duda. Nada es lo que parece. Cada día menos. 

 "Desnúdate mujer" se me antoja que es todo eso. Quizás más. Todo dependerá de cómo escuchemos. De lo que sentimos. 


martes, 1 de noviembre de 2011

ANTONIO GONZÁLEZ "El pescaílla" - "Tiritando" (Vampisoul, 2011)




 Antonio González Batista nació en el Barrio de Gràcia allá por 1926. Hijo de un gitano de pura cepa que se ganaba la vida bajando a vender pescado a Barcelona (de ahí lo del sobrenombre de "El pescaílla" aunque él prefería "El pescadilla") y a quién acompañaba desde niño en su menester. Por las noches lo haría también -mucho más gustosamente, imagino- cuando cantaba y tocaba la guitarra en el Tablao de la Pava.


 Desde muy temprano demostrará su talento. Aprende rápido las reglas del juego. Primero escrutando desde sus pequeños ojos negros, burlones y tristes, lo que a su alrededor acontece. Después aprendiendo a aprehender el sentimiento, a deshacerse de lo accesorio. Finalmente llevándolo a la práctica, con un sonido y una actitud que acabaran por configurar su leyenda.


 "Si yo pudiera detener el tiempo, eternizarlo todo en ese día,
 Si yo pudiera detener el tiempo, ahora mismo lo haría, vida mía"


 Si yo pudiera detener el tiempo


 El boca a boca vuela por toda Barcelona. Tiene la imagen y sobre todo el talento. Armado de su perenne atractivo y un aire sigiloso que ya nunca lo abandonará. Investido de un aura que combina tristeza y dignidad con el aturdimiento propio de las mañanas resacosas y la hambrienta juventud, nunca se sabrá bien a qué atenerse con él. Atípico en lo sentimental y esquivo en lo tópico, las fotografías lo suelen mostrar serio, distante. Media sonrisa triste a lo sumo; sonrisa que nunca se sabe si es gesto adusto o mueca sarcástica. Ungido con un cetro invisible de artística realeza, el atildamiento inherente a la época es en él, a poco que rasquemos en la superficie, mero disfraz, fogueo estético.




 Avanzados pues los años 40, Antonio González es ya el príncipe de la rumba y el señor de Barcelona. Su sentido del ritmo comienza a tener la cadencia perfecta, chispeante y libre. Un ritmo que brota de la tradición y se perfeccionará con los aires cubanos: el son, el mambo, el guaguancó, el chachachá... Cuba, siempre Cuba. El viaje de ida y vuelta emprendido por sus ancestros años atrás cobra en el una nueva dimensión. Tras ejercitarse en todos los palos, finalmente ha decidido quedarse en un rincón. El lugar donde una guitarra escueta y una vez lisonjera o increpante, a menudo ambas cosas en la misma canción, gobiernan de un modo incomprendido. Cuanta más desdicha a contar, más ritmo y jarana. Cuanta más alegría, más pesimismo e introspección. Las contradicciones de la vida trasladadas a su música, a la rumba.


  "Si negaras mi presencia en tu vivir,
 Bastaría con abrazarte y conversar,
 Tanta vida yo te di, que por fuerza lleva ya, sabor a mi"

  Sabor a mi


  La destreza infinita en pulsar la cadencia del latido acompasado se torna maestría. Un latido que es también -acaso prolongación de algo genético- tic tac inexorable de un infierno interior que acabará, con el paso del tiempo y sus querencias, por consumirlo. Cronista de la soledad, adereza su lírica amargura con pinceladas escuetas y ajustadas: uno bongos aquí, las palmas rítmicas allá, la guitarra precisa acullá... Y la voz. desnuda.


 Porque su voz, asentada en el fraseo, el ritmo y el tono, es principio y fin, nostalgia evocada, gozo del lamento. El tono orgulloso, distinguido, atormentado. Sutiles quiebros, crescendos desbocados. la felicidad del instante en su máximo apogeo. en las esquinas de su arte juegos florales mezclan la onomatopeya con la desidia inspirada. El momento como retrato de la eternidad. Un aire de romanticismo melancólico -pero en absoluto amanerado- lo impregna todo. Romanticismo que es búsqueda constante, libertad indómita. Porque sabe, desde el primer instante, que la pena es la que fragua o deshace los cimientos de la alegría.


  "Ámame, ámame esta noche con, con loca pasión,
 Quiéreme, quiéreme mi vida, que sane esta herida en mi corazón"


  Ámame esta noche

  En los albores de los 50 la longeva sociedad artística de Lola Flores y Manolo Caracol se rompe, cuarteada por otra ruptura, la de su relación sentimental. Lola está decidida a regir su destino. Comienza a forjar su leyenda -y no solo la artística- y tras unos cuantos amoríos acaba al lado de Gerardo Coque, futbolista del Atlético de Madrid y coempresario con ella de su espectáculo. Encaprichada con el joven Antonio nada más verlo en Madrid cualquier noche de las muchas noches salvajes, consigue que firme contrato con ellos, y se allana el camino firmando también a su pareja de entonces, Carmelita Santos, bailaora con quién tiene un hijo. Será cosa de tiempo: los coqueteos entre bambalinas, los arrumacos cómplices, las miradas furtivas, el arte de la seducción, pronto producirán sus efectos. Ya tiene su cuerpo y su alma, aunque Antonio aún no lo sepa. Tiene obligaciones familiares (dos hijos) que atender en Barcelona y vive un tanto a salto de mata entre las giras y la comodidad de su reino. No tiene, ni tendrá nunca, la ambición de Lola y, tanto en lo profesional como en lo sentimental, delega de primeras un mando que, por tradición y por época, debería ir por él gobernado. Será la suya, desde el principio, una relación inevitablemente supeditada al mito que ella ya comienza a ser.




  "Quizás no pude hablar cuando te vi,
 Hay algo en tu mirar que nunca vi"


  Alguien cantó


  La historia sigue su curso. El mito de Lola es ya enorme, un monstruo gigantesco que devora todo lo que encuentra en su camino: hombres, público, canciones, ella misma. Y aunque Antonio no sea otra más de sus involuntarias víctimas, al ir de su mano sufre los mismo vaivenes que él una vez provocó, amplificándose además por el inmenso estatus que ella está logrando. Cada vez más cómodo, prisionero en su esquina, decide ser atrezzo antes que actor principal, mientras Lola, generosa y magnánima, le deja su sitio como contrapartida moral. Prácticamente convertido en mero guitarrista de puertas afuera, acompañante del mito, padre de sus hijos, discreto pero sólido apoyo, cada vez se encierra más en si mismo. Y muy de vez en cuando el estallido de genio: una canción en alguno de los discos de ella, un papelito discreto en la pantalla, dos o tres rumbas en medio de su espectáculo, algún sencillo o EP cada vez más espaciados.



  "En la vida y en el amor, ay es mejor, aunque a veces nos duela
 Engañar a un corazón que vivir una quimera"


  Son los años "pop" de la pareja. Los revolucionarios 60. Incluso aquí. Interpretaciones personales llevadas a su terreno mucho antes que simples versiones. Divertimento y creación, pasatiempos e inspiración, llámenlo como quieran. Pero siempre la chispa instantánea, brote ésta del "Fiel amigo" de Nono Pugliese -un piano saltarín, la guitarra pellizcada, la onomatopeya por divisa- o revisando "Extraños en la noche" en clave de western crepuscular, trasunto de Dean Martin en "Río Bravo", pañuelo de lunares al cuello, guitarra y palmas por sombrero, revólver y balas.

 El genio incomparable para poder transmitir todos y cada uno de los sentimientos que describe Jobim en "Chica de Ipanema" a partir de una lengua indescifrable, una especie de Spanglish caló, inicialmente juego privado con sus hijos, en el que los "daguerolai", "burubaps" o los "gueialous" significan -y a ver que lingüista tiene arrestos para discutírmelo- "sozinho", "balanço" o "corpo dourado".

 Y siempre ahí, agazapda, la fugacidad eterna y silenciosa de la tristeza. Una tristeza adherida a su ser, apenas mostrada entre susurros, con gestos imperceptibles, en lo más profundo de si mismo. Probablemente la única manera en que era capaz de hacerla aflorar. el misterio del silencio cuando éste es sincero y limpio. Y si todo ésto lo llevó consigo  siendo gallo joven, qué no iba a acarrear consigo mismo en el ocaso de una vida, y sobre todo de un tiempo, que ya jamás iba a ser el mismo.


 "Levántate, no te arrodilles a mi presencia
 Si te remueve la conciencia
Recogerás la indiferencia por tu proceder"


 Como el rey sin corona de un reino sin territorio, decide pasar los últimos veinte años de su vida recluido en su propio exilio: la familias, los recuerdos, los amigos, la gloria pasada, alguna juerga en "El Lerele" que muy bien puede durar varios días. Un refugio desde el que muy de vez en cuando exhalará alaridos de tristeza o declaraciones de majestad. Tan lejanos del exhibicionismo sentimental propio de las viejas glorias como discretos en su suave musitar, en la asunción de su talante incomprendido, en su manera de llevar la vida a cuestas.


  "Pero oye cómo están criticando, los que no les gusta trabajar
 Y el que no tiene mujer, ni hijos que mantener"


  En un género erróneamente tenido por jaranero, por mero afluente amable de algo más enjundioso, siempre ha sido contraproducente optar por el silencio. Más aún cuando dicho jaleo ha sido casi siempre el natural proceder para hacerse escuchar. Tan solo unos pocos -casualmente los más grandes- optarían por el silencio como la única manera cabal de hacerse oír. Antonio González Batista elegiría ese camino durante toda su vida. También el 12 de noviembre de 1999, a punto del acabar el siglo, discretamente y en silencio, hizo mutis por el foro.



  Este texto fue incluido en las notas interiores de la recopilación publicada por Vampisoul en 2011: Antonio González "El pescaílla". "Tiritando". Las imágenes son parte del precioso diseño realizado por Victor)Coyote(Aparicio para la misma recopilación.